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martes, 27 de septiembre de 2011

BENEDICTO XVI Y EL ECOLOGISMO

"El concepto positivista de naturaleza y razón, la visión positivista del mundo es en su conjunto una parte grandiosa del conocimiento humano y de la capacidad humana, a la cual en modo alguno debemos renunciar en ningún caso. Pero ella misma no es una cultura que corresponda y sea suficiente en su totalidad al ser hombres en toda su amplitud. Donde la razón positivista es considerada como la única cultura suficiente, relegando todas las demás realidades culturales a la condición de subculturas, ésta reduce al hombre, más todavía, amenaza su humanidad. Lo digo especialmente mirando a Europa, donde en muchos ambientes se trata de reconocer solamente el positivismo como cultura común o como fundamento común para la formación del derecho, reduciendo todas las demás convicciones y valores de nuestra cultura al nivel de subcultura. Con esto, Europa se sitúa ante otras culturas del mundo en una condición de falta de cultura, y se suscitan al mismo tiempo corrientes extremistas y radicales. La razón positivista, que se presenta de modo exclusivo y que no es capaz de percibir nada más que aquello que es funcional, se parece a los edificios de cemento armado sin ventanas, en los que logramos el clima y la luz por nosotros mismos, sin querer recibir ya ambas cosas del gran mundo de Dios. Y, sin embargo, no podemos negar que en este mundo autoconstruido recurrimos en secreto igualmente a los “recursos” de Dios, que transformamos en productos nuestros. Es necesario volver a abrir las ventanas, hemos de ver nuevamente la inmensidad del mundo, el cielo y la tierra, y aprender a usar todo esto de modo justo.

Pero ¿cómo se lleva a cabo esto? ¿Cómo encontramos la entrada en la inmensidad, o la globalidad? ¿Cómo puede la razón volver a encontrar su grandeza sin deslizarse en lo irracional? ¿Cómo puede la naturaleza aparecer nuevamente en su profundidad, con sus exigencias y con sus indicaciones? Recuerdo un fenómeno de la historia política reciente, esperando que no se malinterprete ni suscite excesivas polémicas unilaterales. Diría que la aparición del movimiento ecologista en la política alemana a partir de los años setenta, aunque quizás no haya abierto las ventanas, ha sido y es sin embargo un grito que anhela aire fresco, un grito que no se puede ignorar ni rechazar porque se perciba en él demasiada irracionalidad. Gente joven se dio cuenta que en nuestras relaciones con la naturaleza existía algo que no funcionaba; que la materia no es solamente un material para nuestro uso, sino que la tierra tiene en sí misma su dignidad y nosotros debemos seguir sus indicaciones. Es evidente que no hago propaganda de un determinado partido político, nada más lejos de mi intención. Cuando en nuestra relación con la realidad hay algo que no funciona, entonces debemos reflexionar todos seriamente sobre el conjunto, y todos estamos invitados a volver sobre la cuestión de los fundamentos de nuestra propia cultura. Permitidme detenerme todavía un momento sobre este punto. La importancia de la ecología es hoy indiscutible. Debemos escuchar el lenguaje de la naturaleza y responder a él coherentemente. Sin embargo, quisiera afrontar seriamente un punto que – me parece – se ha olvidado tanto hoy como ayer: hay también una ecología del hombre. También el hombre posee una naturaleza que él debe respetar y que no puede manipular a su antojo. El hombre no es solamente una libertad que él se crea por sí solo. El hombre no se crea a sí mismo. Es espíritu y voluntad, pero también naturaleza, y su voluntad es justa cuando él respeta la naturaleza, la escucha, y cuando se acepta como lo que es, y admite que no se ha creado a sí mismo. Así, y sólo de esta manera, se realiza la verdadera libertad humana.
(...)
A este punto, debería venir en nuestra ayuda el patrimonio cultural de Europa. Sobre la base de la convicción de la existencia de un Dios creador, se ha desarrollado el concepto de los derechos humanos, la idea de la igualdad de todos los hombres ante la ley, la conciencia de la inviolabilidad de la dignidad humana de cada persona y el reconocimiento de la responsabilidad de los hombres por su conducta. Estos conocimientos de la razón constituyen nuestra memoria cultural. Ignorarla o considerarla como mero pasado sería una amputación de nuestra cultura en su conjunto y la privaría de su integridad. La cultura de Europa nació del encuentro entre Jerusalén, Atenas y Roma; del encuentro entre la fe en el Dios de Israel, la razón filosófica de los griegos y el pensamiento jurídico de Roma. Este triple encuentro configura la íntima identidad de Europa. Con la certeza de la responsabilidad del hombre ante Dios y reconociendo la dignidad inviolable del hombre, de cada hombre, este encuentro ha fijado los criterios del derecho; defenderlos es nuestro deber en este momento histórico".


DISCURSO DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI ,VISITA AL PARLAMENTO FEDERAL,
Reichstagsgebäude, Berlín
Jueves 22 de septiembre de 2011

La cita quizás me ha quedado un poco larga. Y aunque a veces es dificil seguir todo el razonamiento, merece la pena llegar al final.

Es una cita bonita, es una bocanada de aire fresco en este momento de crisis en todo.
Y también una manera de ver el ecologismo, mas humano diría yo. Respetando al hombre, es más fácil respetar la naturaleza. Sino nos encontramos con cosas absurdas, de poner los animales, la Ecología por encima del hombre.
Todo está ordenado. Todo tiene un fin y está ordenado entre sí.
Es para pensar mas. Seguiré haciendolo.

Me parece que es una de las personas que expresa de una manera más clara las ideas que de alguna manera todos tenemos dentro, o intuimos;  pero lo hace por superación, nos abre la inteligencia, la mente a nuevos horizontes, y siempre con esa valoración del hombre, y de toda la naturaleza como obra de Dios.




lunes, 22 de agosto de 2011

Reflexión

He releído lo que escribí estos días y pienso que he reducido a muy poco (coger el bus urbano, usar menos papel, reciclar todas las basuras...) esos discursos y homilías del Papa.
Escribí al hilo de mis pensamientos, viendo qué cosas podía yo hacer. Mis posibilidades son pocas, pero creo que si cada uno se lo aplica a las suyas podremos mucho.

Incluyo en esta entrada algunas fotos de estos días, que han sido inolvidables, y que nos han tenido a los que no hemos podido asistir pegados a la TV.




sábado, 20 de agosto de 2011

JMJ Madrid 2.011 (2)



Recojo de las palabras del papa en la ceremonia de acogida de jóvenes de la JMJ en la Plaza de Cibeles (Madrid):


"La Jornada Mundial de la Juventud nos trae un mensaje de esperanza, como una brisa de aire puro y juvenil, con aromas renovadores que nos llenan de confianza ante el mañana de la Iglesia y del mundo.

Ciertamente, no faltan dificultades. Subsisten tensiones y choques abiertos en tantos lugares del mundo, incluso con derramamiento de sangre. La justicia y el altísimo valor de la persona humana se doblegan fácilmente a intereses egoístas, materiales e ideológicos. No siempre se respeta como es debido el medio ambiente y la naturaleza, que Dios ha creado con tanto amor. Muchos jóvenes, además, miran con preocupación el futuro ante la dificultad de encontrar un empleo digno, o bien por haberlo perdido o tenerlo muy precario e inseguro. Hay otros que precisan de prevención para no caer en la red de la droga, o de ayuda eficaz, si por desgracia ya cayeron en ella. No pocos, por causa de su fe en Cristo, sufren en sí mismos la discriminación, que lleva al desprecio y a la persecución abierta o larvada que padecen en determinadas regiones y países. Se les acosa queriendo apartarlos de Él, privándolos de los signos de su presencia en la vida pública, y silenciando hasta su santo Nombre. Pero yo vuelvo a decir a los jóvenes, con todas las fuerzas de mi corazón: que nada ni nadie os quite la paz; no os avergoncéis del Señor. Él no ha tenido reparo en hacerse uno como nosotros y experimentar nuestras angustias para llevarlas a Dios, y así nos ha salvado."




El Papa recalca ese valor del hombre sobre todo lo demás de la naturaleza. No es un ser mas, sino que ha sido puesto en ella para que la dominara y la hiciera fructificar.
Para ello se ha de respetar las leyes ,que Dios ha puesto, que rigen la naturaleza.
Sólo así sacaremos lo mejor, la haremos brillar, y por otro lado no la destruiremos.

¡Que fácil es decirlo! y ¡qué difícil hacerlo!. Desde el simple reciclaje de las basuras, hasta aspectos mas complejos como el urbanismo,la contaminación...que conllevan: la responsabilidad en  el uso de materiales menos contaminantes, el uso adecuado de las reservas naturales: petróleo, madera ( por ejemplo, cada uno puede ver si usa sólo el papel que es necesario, y no imprime por que sí), el tema de tratamiento de residuos, vertidos y contaminación atmosférica (que se traduce a una persona de a pie: en el uso de medios de trasporte públicos - y se lo que son los achuchones en el bus o metro- en lugar del coche particular), el desarrollo e impulso de energías limpias...

Pienso, y termino por hoy, que en la medida que respetemos el entorno, respetaremos al hombre, y a cada persona en particular, y por supuesto seremos mejores y más felices.